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IronMan Boulder

Hace unas semanas nuestra ATLETA LIV, Larissa Rabago, participó en el Iron Man de Boulder, Colorado, USA. No siempre sabemos lo que experimenta un atleta de alto rendimiento en una carrera, y muchas veces lo hacen ver muy fácil. La realidad es muy distinta y solo hay una conclusión: si quieres ganar siempre hay que sacrificar y dar todo de uno mismo.

Esta es la historia de la carrera contada por Larissa:

“El día comenzó muy  temprano a las 3.40 am. La noche anterior  anterior  dormí un poco mal, mucho calor, dolor de garganta y esas mariposas en el estómago igual a nervios de lo que me esperaba al día siguiente.

Me levanté y me preparé tres panes con crema de almendra Smuuds y miel. Uno para antes de arrancar y dos para la bici que se dejan en special Needs ( km 90 de la bici y 21 de la maratón dejas una bolsa con comida o cosas que puedas necesitar durante la carrera).

Me puse el uniforme, me arreglé un poco, cafecito antes de salir y ¡vámonos!..

Mi papá nos llevo a mi hermano a mí al centro de Boulder, de donde salían los camiones obligatoriamente hacia la Reserva donde es la natación.

Jaime y yo estábamos muy emocionados y claro que un poco nervioso. Con ese sentimiento único antes de cada Ironman que sientes como si fueras a ir a la guerra pero sin misil. Y es tal cuál como un ejército de soldados, éramos cientos de competidores todos esperando subir al camión y todos con la misma cara de miedo pero a la vez felicidad.

Noté a mi hermano nervioso porque este iba a ser su primer Ironman completo,  y yo  que ya tengo más experiencia en esa distancia trate de hacerme la relajada ( aunque por dentro estaba igual) y le dije : “ Hoy es un día entero de hacer lo que más te gusta y sin interrupciones”.

Llegamos a la Reserva, con un amanecer hermoso que nos hizo sacudirnos el cansancio de la desmañanada y el miedo.

Una euforía se apoderaba de todos los que bajábamos de los camiones y queríamos convertirnos en Ironman en las próximas 10,11,12,13 hasta 17 horas es el límite.

Lo primero que hice fue llegar a la zona de transición para checar mi bici, poner las ánforas, geles, checar las llantas,etc. Todo estaba perfecto.

Parada técnica al baño, desayuné mi pan que estaba buenísimo y me relajé unos minutos para poder respirar tranquila y prepararme para la experiencia tan grande que estaba a punto de vivir una vez más.

Me puse el wetsuit , entregue mi bolsa de morningbag (guardarropa) y me fui al área de salida.

 

Con un escenario hermoso, la reserva es una presa espectacular  de donde se ven las Rocky Mountains  nevadas al fondo.

5 minutos antes de arrancar llegaron  mis compañeros de equipo Diego,Tatiana, Pizzas, Jaime, Beto y Daniel. Le di un abrazo a todos, nos deseamos suerte y cada quien su metió en su mundo, en una especie de meditación para antes de arrancar.

Dan la salida y salgo muy bien posicionada. Tatiana salió un poco antes y yo planeaba irme con ella porque nadamos muy parecido. Cambié de plan al no poder salir con ella y empecé a nada como siempre, disfrutando de algo que me encanta que es nadar.

Iba a muy buen ritmo, pasaba a muchos hombres y en la primera bolla que es a los 1200m me di cuenta que había un grupo compacto que venía muy bien, Tatiana estaba ahí. Los alcancé fácilmente y propuse un ritmo nuevo, el cual nadie quiso seguir. Había mucha corriente y lo más inteligente era seguir al mismo ritmo que ellos traían.

Así seguimos hasta el final de la natación, Tatiana y yo salimos juntas. Salí un poco mareada y dolor de oídos del agua por la altura en la que esta Boulder.

Llegue a la carpa de transición y los voluntarios, quienes siempre son muy amables me ayudaron a quitarme el wetsuit, ponerme casco y geles en las bolsas. Y ¡Vámonos a la bici!.

La primera parte de la bici había unos repechos algo pronunciados, que con el fuerte viento que hacía se sentían más duros de lo que estaban.

Y así me fui dándole a un paso constante, el paso de Ironman. Segura de haber nadado muy bien porque los hombres de mi equipo siempre salen atrás de mi en el agua y normalmente me alcanzan en los primeros 5 min rodando porque ellos ruedan más fuerte.

Esta vez me alcanzaron hasta el km 30. Primero fue Pizzas, 4 minutos después Diego Y Daniel.

Cuando los vi me puse súper feliz, compartir el deporte con amigos crea un lazo muy fuerte, sobre todo cuando se trata de un Ironman. Es difícil encontrar a gente que comparta la misma pasión y locura que tú y pasamos horas y horas entrenando juntos todos los días.

 

Y  Tatiana iba un minuto delante de mí porque hizo la transición más rápida. Su fuerte es la bici, ella es de la categoría 30-34 y a esa edad  es donde las mujeres somos más fuertes rodando . Mi estrategia era hacer una bici buena, constante sin desgastarme mucho para poder hacer un excelente maratón que es mi fuerte.

Todo iba perfecto ya había empezado la segunda vuelta de las 3 vueltas de 60km que eran,y en el km 70 en una subida dura que había, ¡TRASS! Se mete la cadena adentro del cuadro de la bici.

Desesperada y  temblando me bajo para ver que estaba pasando. Una maniobra difícil en donde a fuerzas necesitaba de llaves allen y yo no traía.

Mi  bici que es Shiv Sworks, tiene un seguro en forma de pata que va pegada al cuadro y los platos y se necesita abirir cuidadosamente con las llaves para poder sacar la cadena.

Ya no sabía que hacer estaba frustrada me pasaban cientos de competidores que había pasado desde la natación, luego en la bici y ahora todos me estaban pasando. Les decía que por favor si veían a alguien del staff que me vinieran a auxiliar. No podía recibir ninguna ayuda externa de ningún espectador, si recibes ayuda fuera del staff de Ironman te descalifican así que decidí que era mejor esperarlos.

Cuando llevaba 12 minutos ah parada empecé a ver a lo lejos que venía m hermano, venía muy bien. Me alentó con un ¡No te desesperes!  Al verlo se me quitó por completo la idea de posiblemente abandonar si se tardaban en llegar los del staff aún más.

No dejaba de convencerme de que esto le pasa a todos, incluso a los mejores triatletas, solo hay que cambiar de plan y superar el inconveniente.

Después de casi 20 minutos esperando 19 min para ser exactos, llego el mecánico del staff. En 2 minutos arregló la bici, todavía no terminaba y yo ya estaba arriba diciéndole que ¡muchas gracia, ya está bien!.

Salí como loca desenfrenada. Con la esperanza de poder alcanzar al alguien o ya de plano hacer un mejor parcial, sin duda esta parada iba a subir mis tiempos  de la bici brutalmente y por lo tanto el final.

En alguna parte de la ruta vi a Toro mi entrenador, ya estaba enterado de la situación y me grita ¡ya vas mejor recuperaste un poco, daleee!.

Ese grito me lleno de esperanza a que dentro de todo lo que había pasado podría hacer una buena carrera.  Es un Ironman y todo puede pasar y justo estaba a la mitad. Existen varias horas para corregir, hay un gran margen de error.

En el km 90 en special needs me dan mi pan con crema de almendra y miel. La logística de Ironman es impresionante, no tienes que parar por lo que dejaste, a los voluntarios les avisan 1 minuto antes de que llegue el competidor, así les da tiempo de sacar de la bolsa la comida y te la dan en la mano mientras sigues rodando sin la necesidad de parar.

El pan me calló perfecto, después de tanto gel líquido necesitaba algo solido. Y así seguí. Alcanzando a  los que me pasaron mientras estuve parada. Sin desespérame  y siendo muy paciente.

En el km 175 nos empezamos acercar al centro de Boulder, en donde es el recorrido de  la maratón y la meta.

Miles de vueltas dentro de Boulder, yo ahora sí ya desesperada. Cuando marcaba 183km más de la distancia establecida, nos esperaba la transición para correr.

Me baje de la bici y sentí un sol y calor muy secos. Me dirigí a la carpa para ponerme vaselina en los pies, cambio de calcetines, mis tenis On Cloud , gorra, cinturón armado de geles, lentes y ¡Vamonos!.. Ya solo falta el maratón.

Lo que siempre pienso antes de salir ¡ Ahora si llego lo tuyo, correr!

En cuanto salí pude sentir la energía de la gente en la porra. Me encanta cuando veo a mis papás, a los familiares de mis amigos y de todos los participantes que no dejan de alentarnos ni un minuto.

Empecé a correr y para mi sorpresa me sentía perfecta, un poquito tocada de las piernas por el desgaste que tuve en la bici por querer recuperar,  pero en general muy bien.

Me concentré y busque mi ritmo de competencia. Venía muy bien en el km 6 veo a Pizzas, medio km después venían Diego y Daniel. Tatiana venía como 2km después que ellos y mi hermano a 1 km de Tatiana. Y yo venía muy muy atrás a unos 17 minutos de Tatiana.

Cada km que pasaba me sentía mejor y me daba más confianza, de pronto ya estaba entrando al km 18 donde la ruta ponía aún más dura, con subidas.

En general el recorrido de la maratón estaba duro con subidas y bajadas pero lo más difícil era que el pavimento estaba muy duro, a la larga era desgastante el impacto y generaba un fuerte dolor muscular.

Seguí al mismo paso promedio, en el km 19 estaba la más dura de las subidas. Y ahí fue en donde se empezó a asomar el cansancio, los músculos me dolían pero era ese dolor que te da el correr en pavimento duro por mucho tiempo.

Comí otro gel para que se fueran los pensamientos negativos y seguí. Lo que repetía en mi cabeza ¡ pasos cortos y ágiles! ¡cadencia! ¡vamos, ya solo falta medio maratón, lo haces todos los domingos!.

En el km 24 alcancé a Tatiana, quien ya venía muy cansada.  Jaime mi hermano tuvo problemas estomacales y tuve que parar varias veces y lo pase.

Solo me quedaban por alcanzar a Daniel, Diego y Pizzas mi otro entrenador. Pero cada km que pasaba les recortaba un poquito más.

A partir del km 30 el cansancio se hizo un poco más fuerte, me dolían las rodillas y los cuádriceps. Empecé a tomar Coca-Cola en los abastos y eso me revivió un poco.

Km 32 una ligera pájara (bajón de energía) se empezó a asomar. Cuando llegan las pájaras es un momento muy difícil y peligroso , los malos y negativos pensamientos llegan y la carrera puede cambiar por completo. Aquí es donde la cabeza juega un papel muy importante, el truco es reponerse, comer geles, tomar coca y  sonreír para que al cerebro le llegue la señal de que estás feliz aunque no lo estás precisamente.

Km 35 alcanzo a Daniel que también ya venía muy cansado, nos fuimos juntos un rato. Los últimos 8 km fueron los más duros, pero intentaba cambiar el chip en mi cabeza de cuantas veces no había corrido esa distancia, era muchos menos de lo que tenía que correr diario.

Km 40 ¡ya no falta nada! ¡Solo dos km! Eternos dos kilómetros.

Cada vez más cerca de la meta, ríos de espectadores gritando, aplaudiendo. Se ve a lo lejos el tapete negro con rojo de Ironman y por fin la META.

YOU ARE AN IRONMAN….

¡Una vez más!  Una vez más cruce esa meta con la piel china y lágrimas en los ojos. Una vez más todos los sacrificios valieron la pena. Una vez más fui más allá de lo que mi cuerpo y mente querían. Una vez más cumplía un sueño.

Quede a dos minutos de Pizzas mi entrenador y  a 8 minutos de Diego. Feliz y orgullosa de mis compañeros de equipo quienes todos hicieron un gran papel.

Pero claro si no hubiera tenido el problema mecánico ¡les gano! .. jaja competitiva hasta la muerte.

Impactada con mi buen resultado, 1ero de mi categoría y 10mo general con las PRO. 6to sin el problema. Pero el  hubiera no existe y a lo que sigue. Ya estoy lista para empezar a entrenar para Kona, en donde tengo la gran ilusión de hacer la mejor carrera de esta temporada.

Aprendizajes de este Ironman.

Desde la preparación para mí fue muy duro. Durante dos meses y medio tenía un cansancio extremo, dolor muscular intenso, dolor de cabeza, sueño todo el día. Cuando entrenaba era un sentimiento muy raro de dolor muscular y ganas de llorar.

Fui con dos doctores diferentes y decían que era fatiga crónica que ya me había cansado, dentro de mi sabía que no era algo.

Fui por una tercera opinión, me mandaron estudios de sangre para reacciones febriles y tenía Salmonelosis. Un shock total.

No tengo idea de cómo le hacía para poder entrenar así y aguantar las distancias en esas condiciones.

En cuanto empecé el tratamiento a un mes antes de la carrera y mi cuerpo respondió súper rápido. Sentía como si me hubieran quitado 20 kilos de encima y por fin podía entrenar libre. Se me fueron las ganas de llorar cuando entrenaba y volví a ser la intensa de siempre.

Aprendí  a que va haber muchos días grises, en donde el viento no sopla a mi favor; Pero mientras siga insistiendo e intentando  el no darme por vencida, luchar por mis sueños aunque literal duela hasta los huesos.

De pronto los días grises se terminan, sale el sol el viento sopla a nuestro  favor y ahí es donde todo fluye y valoramos los días buenos, después de haber tenido días malos.

Lo que hacemos en la oscuridad es lo que nos hace brillar en la luz.

¡Caerse y levantarse, siempre!”

Quiero hacer un agradecimiento de todo corazón a todos los que son parte de este sueño y aventura. Sin su apoyo nada de esto sería posible.

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